4
Oct 08

OBJETOS RAROS QUE ME HE ENCONTRADO ÚLTIMAMENTE Y QUE GUARDÉ

 

OBJETO ENCONTRADO Nº1:

Regreso del festival ABYCINE de Albacete. Tren Albacete- Valencia. Muy cómodo, huele mal. Las 9 de la mañana, domingo, ni un alma en el tren, el paisaje albaceteño pasa bien, nubes negras, me viene a la cabeza Karma Police, Península otra vez. La otra persona de mi vagón es una inmigrante que lee un libro cuyas tapas ha forrado con un periódico de la provincia. Sucesos, asesinatos, anuncios por palabras. Voy a la cafetería del tren, pido un descafeinado y una especie de magdalena. Con la pelí aún del día anterior de los Surfin en la cabeza, con la peli aún en la cabeza de Cine Barrio que había visto también el día anterior, por la tarde, en la habitación del hotel (guiris en la costa del Sol, 1968), con el documental del nazismo que había visto por la noche en la habitación de hotel antes de dormirme, con todo eso, me veo con este sobre de azúcar entre las manos:

g

 

 

 

 

Miro detenidamente la leyenda. Voy a suponer que me pregunta si quiero azúcar. No me dice que ahí dentro hay azúcar, sino que si quiero azúcar. La retórica de la seducción. Nombrar es imponer. Preguntar es invitar. Retorcido y bien pensado.

 

OBJETO ENCONTRADO Nº2:
El mismo tren, la misma hora, misma situación. Termino el café. Antes de limpiarme (no soporto nada orgánico sobre mi cuerpo que no sea yo mismo), la servilleta pone esto:

b

 

 

 

 

¿Por qué está tan claro? 
Con la peli aún del día anterior de los Surfin en la cabeza, con la peli aún en la cabeza de Cine Barrio que había visto el día anterior por la tarde en la habitación del hotel (guiris en la costa del Sol, 1968), con el documental del nazismo que había visto por la noche en la habitación de hotel antes de dormirme, con todo eso, ¿por qué está tan CLARO?

 

OBJETO ENCONTRADO Nº3

Distinto escenario. Hace un par de días. Palma de Mallorca. Calle desierta en las afueras, el hipermercado Mercadona se dibuja al fondo como una plataforma petrolífera de las que me gustan tanto. Un papel en el suelo, una factura, me gusta ver las facturas que hay tiradas por la calle, residuos del ciclo compra venta, casi me dan como pena. A veces te encuentras facturas que superan toda construcción teórica previa. Calle desierta en las afueras, el hipermercado Mercadona se dibuja al fondo como una plataforma petrolífera de las que me gustan tanto, me agacho, recojo la factura, fechada hace meses, 25 de agosto:

m

Pregunta: ¿cómo alguien puede comprar hoy por hoy piña colada? Pero, ¿aún existe la piña colada? ¿No la anunciaba el camarero negro de Vacaciones en el Mar, cuando yo era pequeño? El pago se hizo con una moneda de 2 euros. De repente el binomio Vacaciones en El Mar + Euros no me encaja, produce una falla en mi cerebro: Vacaciones en el Mar (año 1978) Euro (año 2002). Este paisaje de las afueras, con Mercadona de plataforma petrolífera al fondo, este paisaje periurbano, genera tales ideas absurdas.

El futuro está perdido en una factura pisoteada.

Siempre nos quedará la piña colada de Mercadona. Y la cajera Lidia. Todos te enviamos besos.

 

 


1
Oct 08

Nueva entrada en Blog FNAC

He colgado un nuevo post en el blog de FNAC.

El Poder del Catalejo [Fanfiction nº2]


29
Sep 08

SURFIN BICHOS, la película [2]

BUZOS HACIENDO SURF
Un documental sobre Surfin’ Bichos
La Nube Estudio, http://www.lanubestudio.com/

Año: 2008
Duración: 100 minutos
Nacionalidad: España
Dirección: Rogelio Abraldes
Producción ejecutiva: Carlos Valcárcel
Guión: Gabriel Molero, con Rogelio Abraldes y Carlos Valcárcel
Fotografía: Fran Piñeiro y Rogelio Abraldes
Sonido directo: Miguel López
Montaje de sonido y mezclas: Alex F. Capilla y Nacho Royo-Villanova
Etalonaje y postproducción: Francisco Cubas

En Albacete, tras la proyección y charla de Buzos Haciendo Surf, algunas personas me sugirieron que estaría bien tener todo el texto que llevaba escrito y que, obviamente, no leí en su totalidad por 2 motivos: falta de tiempo y no caer pesado.

No sé qué importancia tendrán estas notas para quienes no han visto la película, ni siquiera para quienes la han visto, pero ahí quedan por si a alguien le interesan.

Ojalá se pueda ver pronto en DVD. Por lo que me dijo la productora, de momento se paseará por festivales, más información en la página http://www.lanubestudio.com/

TRAILER DE LA PELÍCULA

EL TEXTO ÍNTEGRO:

ZOO HUMANO
Terminaba el siglo 18 cuando la gente en Francia pudo conocer los primeros zoológicos. Había un gran interés por ver de cerca fieras de otras latitudes. Exposiciones públicas itinerantes.

Como perfección y límite sádico-festivo no tardaron en aparecer los zoos humanos. Triunfan en Londres. Mujeres traídas de tribus remotas con 3 nalgas  y labios vaginales de 20 cm, criaturas nacidas con 2 cabezas, sin manos, etc, eran exhibidos en Picadilly. Se les hacía estar dentro de jaulas y se les instruía para que se comportaran agresivamente, como en estado salvaje. El éxito era total. Una media de 200 mil personas por exposición.

En el año 2006 la banda Sufin Bichos se reúne tras un silencio de 13 años para hacer una gira. La expectación, en este caso, también es importante.

No sólo el nombre, Sufin Bichos, sino la música y los textos llaman a una especie de unión amorfa, de cuerpo fuera de lo normal, fuera de los estándares. Un Zoo Humano, musical en este caso. Son Surfin, sí, pero también son Bichos, es decir, son Malibú, pero también criaturas que se desarrollan bajo tierra. De esa reunión de 2006, sale una de las giras más esperadas en mucho tiempo en la música española. Miles de personas, como en los zoos humanos, esperan ver a las criaturas una vez más antes de que desaparezca la especie.

Los zoos humanos son un intento de lograr, desde el punto de vista de la semiología visual, lo que se denomina el “grado máximo de iconicidad”, es decir, el objeto como imagen de sí mismo, el objeto que no tiene parangón o imitación porque es único, es un icono de sí mismo. En este sentido, los Sufin Bichos entran por derecho propio en la categoría de Zoo Humano [Musical], ya que su paso por la escena de la música española fue única, no se parecían a nadie y nadie se les parece. No hay copias, la única copia son ellos mismos, una copia a escala 1:1. La película Buzos Haciendo Surf da cuenta perfectamente de esto.

Me ha interesado mucho esta película por diferentes motivos:

1) No se convierte en un relato triunfalista, apoteósico, sino en la historia de un grupo narrada desde un punto de vista neutro. La presencia del director está bastante borrada, en el sentido de que no prevale un “estilo”, lo cual se agradece. Nada que ver con películas cargadas de golpes de efecto y golpes de estilo.
En este sentido la película es cuadrada, cúbica, sin puntas, como lo es Surfin Bichos: comunica una inquietud en absoluto estridente, casi serenidad.  En este sentido, creo que el director y el guionista han sabido recoger la sustancia del grupo perfectamente.
Hay también un cierto pesimismo, no en vano comienza con unas campanadas a muerto y termina con las mismas campanadas. Que cada cual extraiga sus conclusiones.

NOTA: En la copia exhibida en público, hacia el final hay unos insertos de concierto de la canción El final de una quimera, e inmediatamente pensé que el final había sido modificado respecto a la copia que yo tenía, y que terminaría con ese tema que, personalmente, me parece optimista. Pero no. FIN DE LA NOTA.

2)
Es un documental que posee algo que lo hace especial: es una película de un grupo que ya no existe, pero tampoco es un homenaje a algo muerto ya que mientras se rueda el grupo está en activo. Una rara paradoja que conduce a que, en justa correspondencia con lo narrado, la película entre también en la categoría de Zoo Humano, en este caso cinematográfico. Ese elemento de existir/no existir. Estar presente/ ausente al mismo tiempo, genera una tensión narrativa y dramática de interés. Nunca sabes muy bien qué se está viendo, genera inquietud, como las propias canciones de los Surfin.

NOTA: Este ir y venir del grupo a la “escena real”, me acaba de recordar al Dingo, un tipo de perro australiano salvaje, muy especial por ser el único animal conocido que pasó de vivir en estado salvaje a ser domesticado, para después, en la actualidad, regresar al estado salvaje. Un movimiento antinatural, inverso, que hace pensar hasta qué punto el Dingo tiene memoria, de qué manera existen las huellas humanas en ese animal, ¿seguirá siendo un animal domesticado que en realidad finge su estado salvaje? FIN DE LA NOTA

3) En realidad es una película que trata de los afectos: yo, animal, elemento raro, os doy una gira, me hago visible una vez más, emerjo a la superficie,  y vosotros me dais el reconocimiento que en su día no tuve. [Volveremos más adelante a esto].

4) El componente ascético-místico de los Surfin también se recoge en la película. Diría que es lo que más se recoge, diría que la cámara, de alguna manera u otra siempre nos lleva a la ausencia en el grupo de referencias que no tengan relación con el aspecto religioso u oscuro de la existencia.

ANÉCDOTA 1: la imagen de la carátula de una de las primeras maquetas de Sufin, grabada en casete, La Cebolla Sónica, mostrada en la película, guarda un aire de familia, con la portada de uno de los primeros discos de Leonard Cohen, Nueva piel para la vieja ceremonia. En ésta última se trata de un grabado de fin del medioevo relacionado con un tratado de alquimia. Evidentemente, la alquimia en el sentido amplio de la palabra, como transubstanciación  de un elemento en otro, está muy presente en las canciones de los Surfin a través de la conversión de la carne en otros elementos sublimados, y viceversa. FIN DE LA ANÉCDOTA

Muy interesante es la presencia del cura fan de los Surfin, Rami, que da cuenta del parecido espiritual entre Alfaro y Cohen. Un cura fan de Surfin-Bichos, otro ejemplar para el Zoo Humano, en esta caso más bien sobrehumano.

5) La película dibuja muy bien el destino maldito al que la banda estaba abocada en aquel momento (finales de los 80, inicios de los 90) por dificultades de comprensión por parte de la industria y el público. Por otra parte, como dice Santi Carrillo (ROCKDELUX) a la cámara, ellos no lo ponían fácil con letras duras o que exploraban bajas pulsiones. EJEMPLO: Fuerte, uno de sus éxitos, trata de un incesto.

6) HABLEMOS DE POP
La austeridad formal que hay en cada fotograma, se pone en consonancia con esa característica oscura del grupo.
Llama la atención la casi total ausencia de publicidad en una película que habla de un grupo de rock. Si nos fijamos, sólo hay elementos pop cuando aparecen escenarios que no son propiamente los del grupo, por ejemplo, la casa del primer manager, Manolo Rock, decorada con diversos posters e iconos pop (impagablemente lúcidas sus declaraciones),  o el bar de Madrid en el que quedan el manager de la gira del 2006, Mariano Tejera, y Jesús Ordovás, que exhibe en sus paredes reproducciones de El Bosco y carteles vintage de películas de ciencia ficción serie B, algo que, por otra parte, es un acierto al tratarse de una iconografía cercana a no pocas canciones de los Surfin, canciones en ocasiones de una, si se me permite, “mística de serie B”. Quiero decir que si al cine Serie B de terror de los 50 y 60 le eliminas la parte cómica, queda un sustrato de terror básico, un terror sereno, no terrorífico,  que en mi opinión también está en el grueso de la producción de los Surfin.

7) HABLEMOS DE EL TIEMPO
Sigue llamando la atención, cómo el documental recoge tan insistentemente el local de ensayo del grupo, y esto es para mí uno de los grandes aciertos de la película debido a lo que local de ensayo revela: nada. Es decir, revela la nada, que no es poco. Me explico: las paredes del local están completamente desnudas, nada lo diferencia de una celda, ya sea de prisión o de monasterio. El grupo no necesita referencias del mundo exterior, todo está dentro, algo típicamente romántico, en el sentido del genio creador que funciona por estímulos o iluminaciones propias, a la vez que ascético.

La perplejidad se hace superior cuando la cámara recoge –seguimos en el local de ensayo- un calendario en la pared, un almanaque [pongamos, Talleres Eladio, Chapa y Pintura], el único elemento que hay en ese local que hace referencia a algo de afuera, algo más allá de sus paredes, más allá de de la burbuja llamada Surfin Bichos, más allá de la jaula de criatura de zoo. Pero hace bien la cámara en darnos ese detalle, ya que no hay preso sin celda y no hay celda sin calendario para ir aspando los días con una equis. Hay un segundo motivo que hace al detalle interesante, el tiempo es una de las grandes obsesiones de las canciones de Sufin Bichos, ya sea como su ausencia, es decir, como muerte, o como presencia conflictiva.

NOTA: La palabra impresa que más sale en la película es Marshall, la marca de los amplificadores, lo que, si se me permite la broma, nos conduce de nuevo a un eco de desierto, de pionero, de ajusticiamiento, de horca, el conflicto y/o a la muerte.
NOTA A ESTA NOTA: He comprobado que se podría hacer una clasificación de los grupos de música por los amplificadores que usan. No es la marca de las guitarras, ni el modelo de guitarras, bajos y baterías, ni siquiera la vestimenta ni las canciones en sí lo que diferencia a los grupos. El río subterráneo de las diferencias está en los amplificadores.

8) HABLEMOS DE LA CARNE.
Antes hemos comentado la presencia de elementos publicitarios y pop sólo en las personas satélites al grupo: casa de manager, bar de reunión. Esos lugares representan claramente el elemento carnal en la película, pero de la carne festiva, no de la carne torturada tan presente en las canciones de los Surfin. La película, no sé si voluntariamente o no, da esos 2 elementos cárnicos de balanza. La carne como solución (placer) y la carne como problema (elemento de tortura que llevamos con nosotros y cuya única desaparición pasa por la muerte). La misma alusión a la existencia de Hermano de Sangre [título de una canción de los Surfin] plantea una maldición irresoluble, estar atado para siempre alguien por lazos de sangre, otra cárcel a través de la carne. Evidentemente, la hermandad de sangre sólo puede conducir, o bien al tema de Caín y Abel, al asesinato; o bien al suicidio. Es la única manera de liberarnos de esa maldición carnal.

9) HABLEMOS DE ALGO MUNDANO:
No obstante, la película está jalonada con discretos detalles cómicos, que nos recuerdan que hasta lo inalcanzable también es humano.

-Un autobús, es de noche aún, sale de la ciudad para perderse por las carreteras nacionales. En el autobús, semivacío, hay 5 músicos. En ese contexto, los músicos se pasan de un asiento a otro un bocadillo de tortilla envuelto en papel aluminio y beben agua mineral Font Vella a morro. Nunca había visto en un documental de una banda a los músicos en gira comiendo un bocadillo y bebiendo agua Font Vella, un verdadero hallazgo en la película, alejada de la clásica mitificación del músico como súper héroe dentro y fuera del escenario.

-Otro detalle entrañable es la presencia de un niño (pongamos 4 años de edad), el hijo de Carlos Cuevas (batería), al que Joaquín Pascual (guitarra) le da unos cromos. Inevitablemente uno se pregunta cómo alguien que toca en un grupo como los Surfin puede tener en su casa unos cromos, y en cualquier caso, de qué serán esos cromos, qué demonios se estará llevando ese niño a su casa.

-Un amigo (Joaquín Pascual), va a buscar en una Vespa a otro amigo (Carlos Cuevas), que lo espera en una esquina, para ir a ensayar. Evidentemente, nadie más allá de los 40 años va a buscar a un amigo en Vespa para ir a un ensayo. Aparece aquí un elemento fundamental que recorre toda la película: la amistad a prueba de tiempo, ese tipo de amistad que sólo se puede dar en la adolescencia. Lo que nos está diciendo el director, Rogelio Abraldes, escenificando esa situación traída desde un tiempo remoto, adolescente, es que hay un núcleo de camaradería indestructible en los Surfin, un núcleo que se gesta, como no puede ser de otra manera,  en la adolescencia. Esta presencia de la amistad recorre la película de principio a fin.

-José Manuel Mora (bajista), tiene en una pared de su casa un antiguo poster promocional del grupo, pero no en un lugar cualquiera de la pared: está detrás de una puerta, de tal manera que cuando la puerta está abierta el poster no se ve. Normalmente en las casas las puertas suelen estar abiertas. Un freudiano haría de este detalle maravillas. Como no es mi caso, me limitaré decir que lo cómico viene cuando Mora dice que el poster está ahí para que la guitarra, apoyada detrás de la puerta, no manche la pared. Una forma cómica e inteligente de quitarle hierro a algo que en realidad es importante; tanto, que se oculta.

NOTA: Obsérvese la forma tan curiosa que tiene Carlos Cuevas de coger las baquetas, sobre todo la izquierda. Realmente, cuando golpea el parche, parece que está azotando a alguien. Eso, unido a sus ojos cerrados, a la expresión de gozo y sufrimiento de su rostro, y a que termina sangrando en esa mano como consecuencia de golpearse contra el marco de la caja, hace que más alguno/a con mente calenturienta extraiga conclusiones más o menos estrambóticas. No seré yo. FIN DE LA NOTA.

ANÉCDOTA PERSONAL Y UNA VALORACIÓN: El primer LP que yo tuve de los Surfin fue El Fotógrafo del Cielo (1991), lo compré porque los vi un día por la tele, no recuerdo en qué programa, pero era uno de esos programas de variedades, un poco tontos, en los que tanto salían María del Monte como, sin ir más lejos, Surfin Bichos. Tampoco recuerdo la canción que tocaron, pero me impresionó mucho una cosa: era una melodía casi infantil, como de dibujo animado (un poco de cierta Velvet Undeground), pero tanto que parecía que sólo una tragedia pudiera acontecer dentro de esa canción, y en efecto: la letra de la canción era absolutamente cruda. Ése es para mí el gran acierto de este grupo, esa combinación que nadie había hecho hasta entonces en la música española. Esa cosa amorfa propia, puro pegamento, una vez más, de un zoo humano.
EXPLICACIÓN A UN DETALLE DE ESTE ÚLTIMO PÁRRAFO: Antes de 1991 yo ya conocía a los Surfin, varios amigos y gente ocasional me hablaba de ellos. Nunca me había puesto a oírlos en serio. El porqué era que no me fiaba de las fuentes. Los motivos por los que me decían que eran cojonudos, para mí eran más o menos chorradas, puntos anecdóticos que ya veía en otros grupos. Es decir, en lo que a mí respecta, los fans que yo conocía le hacían un flaco favor al grupo. Tuve que verlos en aquel programa tonto de la tele para encontrar por mí mismo el agujero por el que colarme en su música. Conclusión: la tele es maravillosa, contiene azar, como la misma vida.


10)
HABLEMOS DE CUBOS Y DE VELOCIDAD:
En cualquier caso, es Buzos haciendo Surf una película en la que no hay velocidad, una película que si tuviéramos que asociarla a un volumen geométrico, éste sería un cubo: no hay nada que llame al movimiento, es cerrada en sí misma, como lo es Surfin Bichos, como lo es el local de ensayo, como lo es el calendario pegado a la pared del local de ensayo, también cuadrado. Esto hace que la película, acertadamente, sea como el grupo: oscura pero no siniestra, oscura pero no gótica, oscura pero sin puntas. Es una película que, como el cubo, transmite estabilidad, serenidad.

En la película se cita varias veces que Surfin son el eslabón perdido en la música española entre los 80 y lo 90. No es casualidad que ese eslabón, ese tocar fondo para renacer sean unas canciones básicas, crudas, elementales, y radicales en el sentido literal del término: que agarran las cosas por la raíz. Para renacer, antes hay que tocar fondo, hay que convertirse en una partícula elemental.

NOTA: Es un caso que recuerda, pero inversamente, al de Kaka de Luxe como eslabón (en este caso no perdido) de la música entre los 70 y 80. De la misma manera que la música española de los 80 no se entiende sin Kaka de Luxe, la música española de los 90 no se entiende sin Surfin Bichos. Aunque los movimientos internos de esos dos fenómenos sean en cierto modo inversos: Kaka operó de Spam, de explosión que emite sus productos al hiperespacio, traducido en todos los grupos que generó. Y los Surfin operaron más bien de imán: silenciosamente, muchos grupos van, año a año, acercándose a ellos, pegándose a ellos, como si hubieran generado en su entorno un campo gravitatorio musical. FIN DE LA NOTA.

11) HABLEMOS DE FERNANDO ALFARO:
La presencia de Alfaro, tal como está gestionada en el documental, le da a la película una nueva dimensión. Es el único miembro del grupo que no sale en su casa o en lugares integrados en el tiempo presente, por el contrario, el escenario que se elige es una antigua casa familiar. Aparece el enigma como elemento metafórico. Allí tienen lugar las conversaciones y entrevistas con él e Isabel León.

La aproximación en coche a esa casa [conduce Isabel León, Fernando copiloto, cámara en asiento de atrás] nos ubica en un paisaje salpicado de parques eólicos, lo que nos hace pensar inmediatamente en molinos de viento, en personajes quijotescos en el buen sentido de la palabra: el drama entre lo real y imaginado.  Presagia lo que tendrá lugar  momentos más tarde.

En la casa familiar, la película se une al más clásico género documental, nos hace pensar en Alfaro como en el final de una saga. Incluso supera al mero documento: volver a una casa así nos trae ecos de Manderley, de Rebeca de Hitchcock, y de toda la iconografía de cine romántico-expresionista. Es el momento en el que las imágenes nos muestran el lado más íntimo de Fernando, porque nada hay más íntimo que el pasado, la familia y la infancia.: se nos aparece la debilidad del creador. Ningún artista está completo hasta que no percibimos su parte más infantil e íntima, ya que es entonces cuando el icono pop, que por fuerza es un objeto inmaculado, se convierte en persona.

Memorables los momentos en los que Fernando recuerda cómo jugaba por los tejados de las casas adyacentes, o cuando intenta tocar una canción con su antigua guitarra española y no puede por el frío que hace en esa casa. Fernando tiene frío, sus canciones tiene frío, Surfin Bichos surge del frío, un frío que se mantiene hasta el final de la película, con las ya citadas campanadas a muerto. Por otra parte, el frío conserva. Son tramos, insisto, memorables, que me recuerdan bastante a películas como El Desencanto de Chavarri, o Después de tantos años de Ricardo Franco, en las que se retrata la familia Panero: el conflicto de quien regresa a la casa familiar y se enfrenta a los fantasmas.

En general, los documentales adquieren un tono de ficción cuando en la película hay ecos de conflictos no resueltos, incógnitas sin despejar. Eso crea un halo, un territorio más allá de lo real. Ese papel de elemento que promociona la película al campo de la ficción lo encarna perfectamente Alfaro, que deja muchas incógnitas en su personaje, siempre semi-velado, por varios motivos:
-No llega explicar el porqué de la separación de la banda.
-El resto de la banda se atiene a hechos consumados
-No aparece su casa, sino la casa familiar: el pasado, la incógnita.
-A pesar de ser el que más documentos del pasado aporta, no despeja incógnitas. Al contrario, sus aportaciones hacen aún más laberíntica la reconstrucción de la historia interna del grupo.

Especialmente emocionante para mí, ha sido ver cómo Fernando señala desde el coche la gasolinera familiar en la que compuso gran parte de las canciones. Es una anécdota personal, pero yo en su día supe de la existencia de esa gasolinera, y de Fernando en ella, y fue una imagen lo suficientemente potente como para inspirar uno de los personajes más importantes de mi libro Nocilla Dream, que escribí en Tailandia. Sería muy largo, y se saldría del tema, relatar cómo la imagen de un Fernando componiendo en una gasolinera, que yo ubiqué en un desierto de Albacete, fue creciendo y condicionando aquella novela a miles de kilómetros. Ver ahora esa gasolinera, es un choque emocional para mí difícilmente explicable. Mi ficción se hace aún más ficción. Así que no seguiré hablando de esto ahora.
Sólo me interesa señalar lo bien que están escogidas las imágenes de esa gasolinera, ahora abandonada, una ruina contemporánea de incalculable valor. El director inserta en el momento preciso una nota de Alfaro, escrita a mano de su puño y letra en un antiguo papel de publicidad “Lubricantes Shell, Compromiso de Calidad” . Se trata de una de la letras más brutales de Alfaro:

Mi amigo Juan me solía contar
cómo desaparecer
sin dejar rastro ni cadáver que llorar,
nunca más lo he vuelto a ver.

Nada más fácil
que alquilar un bote y a alta mar,
una piedra al cuello
un simple agujero,
un tajo en las venas
y a esperar.

«Sé mi refugio en el fondo del mar»
repiten las olas con la voz de él,
nunca más lo he vuelto a ver.

«Dulce refugio entre las olas del mar»
Tal vez ande por otro país u otra ciudad,
nadie lo volvió a ver más.

«Sé mi refugio entre las olas del mar»
Reza por su alma, él la buscará.
Nadie lo volvió a ver más.

COMENTARIO FINAL, QUE NO POR IR AL FINAL ES UN COLOFÓN, SINO AL CONTRARIO, SÓLO UNA NOTA AL MARGEN, DIGAMOS QUE RESIDUAL.
Lo único que echo en falta en la película es una contextualización histórica del grupo: qué ocurría en este país en aquella época, qué ocurría en la música española, qué referencias musicales son las de Surfin, etc. Sobre todo para que se pueda entender la importancia del grupo, para que cobre la dimensión exacta.
Los que vivimos eso lo sabemos, pero la película, como documento, quedaría más redonda si alguien que ahora tiene 20 años [o alguien que tiene 80 y no supo jamás quienes eran los Surfin], pudiera situarlos en un marco.

en 1991

1991


11
Sep 08

11-S [Control+Alt+Supr]

En el Cultural de El Mundo hoy, copio y pego:

Ctrl+alt+supr
por Agustín Fernández Mallo

Hoy
hace 7 años del 11-S neoyorquino, momento que quedará como el día en el
que la realidad en bruto emergió a nuestras aceras, de la que las
pantallas televisivas parecían haberla expulsado. En efecto, aburridos
de la indolencia posmoderna, tras el 11-S las artes plásticas y la
cultura en general tomaron conciencia de que hay que volver a luchar;
el mal no era arqueología, existía, hay un enemigo, pero ¿cuál? Siendo
el islamismo radical un espectro ilocalizable, no quedó otro remedio
que hacer arte contra los enemigos de dentro: los calienta planetas,
los asesinos de Ciudad Juárez, Repsol, BBVA, y un sin fin de tópicos
amables, crítica inofensiva, sin más riesgo que un ayuntamiento te
retire una exposición de su casa de la cultura. No abunda el arte de
denuncia del islamismo radical, y cuando aparece en forma de
caricaturas de Mahoma, lo invalida la censura interna. Parece que tras
el 11-S los artistas siguen anestesiados, más posmodernos que nunca,
tanto que vemos escandaloso que una pobre ciclista se dope en los
Juegos Olímpicos de Pekín, aunque los futbolistas, para ganar miles de
euros, sigan metiendo goles con la mano cuando el árbitro está de
espaldas.

***********************************************************

Curiosamente, hoy, según una extraña minoría de científicos, comienza el final del mundo, ya que pronto los físicos del CERN generarán un agujero negro que absorberá a la Tierra.

Hoy una mujer de la India se ha suicidado por eso.

Desde hace pocos años, no cesan los mensajes apocalípticos, ¿cuándo nos dejarán en paz? Volvemos al miedo del que hablamos en verano. Mientras tengas a la gente con miedo, la tienes controlada.

Se cumple una vez más la historia: no hay sociedad que no haya soñado con su Apocalípsis. Lo único cierto es que aquí seguimos.


11
Sep 08

11-S [Control+Alt+Supr]

En el Cultural de El Mundo hoy, copio y pego:

Ctrl+alt+supr
por Agustín Fernández Mallo

Hoy
hace 7 años del 11-S neoyorquino, momento que quedará como el día en el
que la realidad en bruto emergió a nuestras aceras, de la que las
pantallas televisivas parecían haberla expulsado. En efecto, aburridos
de la indolencia posmoderna, tras el 11-S las artes plásticas y la
cultura en general tomaron conciencia de que hay que volver a luchar;
el mal no era arqueología, existía, hay un enemigo, pero ¿cuál? Siendo
el islamismo radical un espectro ilocalizable, no quedó otro remedio
que hacer arte contra los enemigos de dentro: los calienta planetas,
los asesinos de Ciudad Juárez, Repsol, BBVA, y un sin fin de tópicos
amables, crítica inofensiva, sin más riesgo que un ayuntamiento te
retire una exposición de su casa de la cultura. No abunda el arte de
denuncia del islamismo radical, y cuando aparece en forma de
caricaturas de Mahoma, lo invalida la censura interna. Parece que tras
el 11-S los artistas siguen anestesiados, más posmodernos que nunca,
tanto que vemos escandaloso que una pobre ciclista se dope en los
Juegos Olímpicos de Pekín, aunque los futbolistas, para ganar miles de
euros, sigan metiendo goles con la mano cuando el árbitro está de
espaldas.

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Curiosamente, hoy, según una extraña minoría de científicos, comienza el final del mundo, ya que pronto los físicos del CERN generarán un agujero negro que absorberá a la Tierra.

Hoy una mujer de la India se ha suicidado por eso.

Desde hace pocos años, no cesan los mensajes apocalípticos, ¿cuándo nos dejarán en paz? Volvemos al miedo del que hablamos en verano. Mientras tengas a la gente con miedo, la tienes controlada.

Se cumple una vez más la historia: no hay sociedad que no haya soñado con su Apocalípsis. Lo único cierto es que aquí seguimos.


6
Sep 08

Chris Jordan: Representaciones, Realidades, Publicidad

1

2

3

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1
Estas 3 fotografías componen una de las obras del interesante fotógrafo Chris Jordan (Seattle), está integrada en un proyecto más amplio, Running the Numbers. El objetivo  es asimilar de manera visual las diferentes estadísticas de consumo de objetos de uso cotidiano en USA. En este caso, la misma acumulación de miles de teléfonos móviles fotografiados a diferentes distancias.

 

Leemos en, por ejemplo, un informe o un periódico que afirma que en ese país se desechan al año 500.000 móviles; eso crea una percepción de ese hecho. Pero si se ve en imagen, la percepción es otra. Parece como si aquel dato a secas adquiriera una dimensión espectacular, fantástica. La imagen crea un espectáculo que la letra impresa no produce de manera tan fácil.  

 
Esto lleva a la pregunta de si son equivalentes diferentes modos de representación de un mismo fenómeno, y de si hay alguno más «real» que otro o más «legítimo» que otro. ¿Es lo mismo ver escritas una serie de cifras de datos estadísticos que verlas, por ejemplo, en un gráfico? ¿Actúan de la misma manera en nuestra percepción? Evidentemente, no. Cuando un matemático pasa a  forma de gráfico una estadística suele ser para visualizarla mejor en su trabajo o análisis, como separarse unos metros de la pizarra para ver el conjunto. El cambio de representación de un mismo fenómeno, en ese caso, se usa para analizar mejor, como una simple herramienta, no para «impactar». Y ninguna de las dos «representaciones es más «real» que la otra. Ambas tiene el mismo rango de verdad.

En el caso de las fotografías de Chris Jordan, no es tanto así. Son el ejemplo de cómo un cambio de representación se transforma en un elemento de sorpresa, casi fantásticamente escandaloso, y eso es al final lo que hace la publicidad: mecanismos por los cuales impactar con algún objeto que en condiciones normales no nos provoca sensación especial alguna. En este caso es la conversión de una cifra a una imagen. Un «pensamiento en imágenes», que diría José Luis Molinuelo.

La duda que se plantea es: ¿Qué es más verdadero, más «real», leer: «en USA se desechan al año 500.000 móviles» o por el contrario son más reales las 3 imágenes?  Igual que ocurría con el ejemplo del matemático que veía unas cifras escritas y después las veía en  gráfico, evidentemente, ninguna es más real que la otra, sólo son 2 formas de representación. Nos impacta más la segunda, las imágenes, porque el artista ha «preparado» su experimento para que eso ocurra, como lo hacen la publicad, las novelas o el arte en general. Su objetivo no es mostrar esa realidad sino crear otra diferente para llamarnos la atención sobre un hecho que a él le parece escandaloso, una argumento literario como otro cualquiera.  Los que hacemos, supuestamente, creaciones «artísticas», «no objetivas», trabajamos a ese nivel de seducción mediante algún mecanismo de representación. Lo que nos iguala a los publicitarios. Cosa de la que me alegro y, modestamente, me siento orgulloso: no veo la diferencia entre un buen spot publicitario y un buen poema o un buen corto cinematográfico.

2
Cambiando de tema, pero continuando con el ejemplo, algo que hemos comentado varias veces: las escalas: Cuando vemos la tierra desde un avión la vemos muy simple, geometrías sencillas. Cuando bajamos a nuestra escala, la cotidiana, llamémosle humana, la vemos muy compleja,  y cuando bajamos aún más, a nivel de microscopio, una bacteria se nos aparece de nuevo con la simpleza geométrica y orgánica de un país visto desde un Boeing.
El artista Chirs Jordan juega muy inteligentemente con ese hecho. Nos va aproximando:
Sencillo-→ Complejo
Con un zoom. Y se detiene donde él estima que la imagen responderá a su propósito, el momento en el que descubrimos que aquella imagen granulada en realidad eran teléfonos móviles. Es un truco muy bien hecho, como cuando se deja para el final la revelación del asesino en una película, un golpe de efecto.
Si Chris Jordan continuara bajando de escala, tendría que enfocar ya un solo teléfono, después una parte de ese teléfono, y así hasta llegar una porción infinitesimal que se parecería mucho a la imagen primera, algo muy sencillo y sin atributos espectaculares.
¿Cuál de todas es a imagen real? Pues todas y ninguna, cada una es una realidad, un argumento diferente, una película diferente, una novela.

 

 

can

 

 

 

 


5
Sep 08

Manderley, la película

Anoche soñé que regresaba a Manderley,

me encontraba ante la verja

pero no podía entrar porque el camino

estaba cerrado,


se ha calculado que la vida de una mujer

no superior a 23.7 años podría cifrarse

en un código de barras,

entonces

[como todos los que sueñan]

me sentí poseída por

un poder sobrenatural

y atravesé como un espíritu la barrera

que se alzaba ante mí.

veía un caserón desolado sin

que el menor murmullo del pasado

rozara sus imponentes muros,


y en noches desprovistas de redundancias,

caen sin obstáculo del gris al estómago

aquellas canciones,

«take me out tonight

because I want to see people

and I want to see lights»

nunca podremos volver a Manderley,

eso es seguro, pero algunas veces,

en mis sueños, vuelvo allí,

a los extraños días de mi vida

que para mí empezaron en el sur de Francia.

(Poema inicial y poema final de Joan Fontaine Odisea.

Vídeo: arranque de Rebecca, de Hitchcock, en la voz de Joan Fontaine.)


2
Sep 08

Nueva Entrada en Blog FNAC [Radiación de fondo (Fanfiction nº1)]

He puesto una nueva entrada en el Blog de FNAC.

Radiación de Fondo (Fanfiction nº1)

Un argumento de teleserie desviado.


1
Sep 08

Los Imanes de La Nevera de Marilyn [5 y fin]

Los Imanes de la Nevera de Marilyn (publicado en El País, domingo 31/8/08)

NUNCA PODREMOS VOLVER A MANDERLEY

1

Para un escritor contemporáneo el lenguaje es más un problema que una herramienta: la guerrilla semántica. Estoy solo en el apartamento, por encima de la pantalla del ordenador, que refleja en mis ojos su página en blanco, la ventana abierta me deja ver el mar, unos veleros, un poco de arena. Oigo a niños chapotear en la piscina. Los adultos duermen la siesta. A mi espalda, dicen en la tele que si Manhattan tuviera la misma densidad de población que Alaska, sólo tendría 25 habitantes. Escribo Delete.

2

Tenemos la idea de que en los planetas todo es oscuridad, porque cuando por la noche miramos al cielo no los vemos. Pensar que sólo hay luz en la Tierra nos salva de la angustia que supondría saber que hay vida allí a lo lejos. Pero en los planetas hay luz, y sale el sol, y hasta quizá haya religiones ingrávidas, y televisores y moscas. Cuando Al Gore llegó a Marte supo que era el primero en pisar esa tierra. La esfera solar, que salía en ese momento por el horizonte, provocaba en los guijarros del suelo unas sombras alargadas, como las de un cuadro de un tal Miquel Barceló que una vez había visto en un museo cuyo nombre no recordaba. No hubo nostalgia, todo era presente, pura cifra. Miró detenidamente alrededor, toda una tierra por descubrir, conquistar, destruir y salvar, por ese orden, y era suya, más inmensa que cualquier western. Tampoco se sintió solo, tenía una compañía superior a la humana: el extraterrestre en el que de repente se había convertido. Ahora vibra el móvil en el bolsillo lateral del traje espacial plateado. Al otro lado un humano pregunta, «Zorro Plateado, Zorro Plateado, aquí Nutria Colorada, ¿cómo estás, cómo es ese lugar, te sientes solo?» «Estoy de maravilla, no te preocupes». «OK, suerte, ojalá obtengas felicidad». Al Gore hace un silencio y responde, «¿Felicidad?, no se podría caer más bajo».

Mete alimentos en la mochila, fundamentalmente latas y chocolatinas, abandona la nave, examina el mapa, echa a andar. Ideas que nunca había tenido le van y vienen de manera obsesiva a la cabeza, como si se reflejaran en el interior del casco y rebotaran sin poder salir. Piensa, por ejemplo, que hay culturas cuya relación con los objetos se hace en diferido: beben el café con pajita, o usan el mando de la tele en vez de levantarse y darle una patada para cambiar de canal. También piensa que la alquimia contemporánea son los códigos de barras, tan cifrados, tan silenciosos, tan perfectos, y también que la soledad más cósmica la sufren los aparatos antimosquitos, que toda la noche vigilan desde su enchufe el Universo por nosotros. Tras unos kilómetros, llega a una leve oquedad, tan grande como el valle con cabaña y lago y truchas que dejó a las afueras de Boston. Observa que algo brilla unos metros más allá. Es oro. Se aproxima. Sola y entre dos piedras, yace una patata frita de dimensiones estándar. Sólo una. Tiene aspecto de ser de esas que se venden congeladas y troceadas. La sostiene entre sus guantes plateados, la alza al sol para examinarla al trasluz, plata y oro se funden. No hay duda, sin signos de corrosión ni putrefacción, es patata, el interior filamentoso lo indica, el dorado intenso de la piel da cuenta de su fritura, probablemente aceite de girasol. «Está intacta -se dice-, porque en Marte no hay vida», lo que corrobora su hipótesis de que no sólo es el primer humano en pisar ese planeta, sino que tampoco lo han hecho ni animales ni bacterias. La deja exactamente donde estaba. Examina el móvil, no hay cobertura. Camina todo un día marciano, que no es de 24 horas [pero no tiene sentido hablar de más o menos horas ya que en Marte el tiempo corre de otra manera], y cae extenuado sin haber alcanzado el horizonte rojo y curvo; está anocheciendo. Ahora hay cobertura, teclea el número directo, nadie responde, lo intenta un sinfín de veces, deja la línea abierta por si hubiera suerte. Se sienta contra una roca, apoya la cabeza, intenta comer algo pero no consigue tragar, el estómago parece refractario a todo alimento. Lo último que ven sus ojos es la perfecta esfera terrestre [era mentira que estuviese achatada por los polos], pequeña, podría comerla de un bocado. Lo último que piensa es, «no se desprecia una patata frita en vano».

3

Mientras sobrevolaba una remota región de Nigeria, el arquitecto Rem Koolhaas afirma haber divisado un gigantesco vertedero que despedía columnas de humo más altas que el Empire State. Una colectividad humana se movía sin orden preestablecido sobre los escombros de manera que el conjunto parecía una pesada criatura mutante, una nueva especie ni animal ni vegetal, y declaró: «El vertedero es la forma más baja de organización espacial. Pura acumulación. Es informe, su localización y perímetro son inciertos (…) es fundamentalmente imprevisible».

Lo que se nos aparece de repente no es que antes no estuviera ahí, es que estaba apagado: en alguna parte del mundo un interruptor estaba en posición OFF. Ese interruptor es a veces un simple parpadeo; en otras ocasiones, es un complejo proceso que mueve montañas de árboles de plástico. Bendito plástico. El ser humano tiene mandíbula para masticar el mundo, pero ese mundo hace ya tiempo que lo ha superado, los dientes se vienen abajo. Estoy solo en el apartamento. Oigo niños chapotear en la piscina. A mi espalda, dicen en la tele que si Manhattan tuviera la misma densidad de población que Alaska, sólo tendría 25 habitantes; ya lo han repetido 3 veces. En verano todo lo repiten 3 veces. Ahora dicen que el inventor de las patatas fritas Pringles ha pedido que lo entierren en un ataúd con forma de envase de patatas fritas Pringles, y cortan para dar una última hora: el decorado de la película Rebecca, con su mansión Manderley incluída, ha ardido esta noche por causas desconocidas. Casi es septiembre. Un poeta llamado Eduardo Moga escribió en Las horas y los labios: «El calor esmerila el aire. El cielo, sin embargo, luce un azul frío, y lo extiende, con lengüetazos poderosos, hasta los últimos rincones del espacio. Ahora otro cielo me impregna». Un verano más que se derrumba. Escribo Delete. Otra vez: Delete. Lo último que pienso: no se desprecia un verano en vano.

AFM


25
Ago 08

Los Imanes de La Nevera de Marilyn [4]

Los Imanes de la Nevera de Marilyn, publicado en El País, domingo 24/08/08

EL EFECTO LLAVERO

Jonathan paseaba por una calle adyacente a la playa de La Malvarosa. No silbaba, pero tenía las manos en los bolsillos. Mediodía de agosto. El sol cae en picado sobre su cráneo, ni las Ray-Ban funcionan. Entró en un bar, pidió una cerveza, era turbia, pero no tenía ni limón ni gaseosa, esa contradicción le incomodó. Pagó. Ya en la calle, al girar una esquina, vio un chiringuito de souvenires. Se detuvo ante la docena de llaveros que tenían colganda la miniatura de La Ciudad de Las Artes y Las Ciencias de Valencia, la de Calatrava, tallada en madera de pino. Se puso las Ray-Ban por diadema, tomó un llavero entre las manos; le dio unas cuantas vueltas antes de comprarlo. Se alejó pensando en su buena suerte por haber encontrado esa pieza tan singular. Ya en casa, razonó que adquirir un monumento en miniatura equivale a la maravilla de tener una obra de grandes dimensiones en la palma de la mano, y eso hace que el monumento real, que en principio siempre es un armatoste lejano y extraño, se torne aún más extraño e incomprensible; no se adquiere un llavero de esas características para acercarse al monumento, sino para alejarlo aún más, para borrarlo. Esa noche, mientras ve la tele, Jonathan hace una reflexión aún más audaz: tener ese llavero es como tener la maqueta de la obra, es decir, el paso previo a la obra real, lo que le hace ser, en cierta manera, su creador, su constructor, Calatrava mismo. En ese momento, decide dedicarse a coleccionar todos los llaveros que encuentre de La Ciudad de Las Artes y Las Ciencias. Clava una punta en la pared del dormitorio, lo cuelga. Antes de acostarse observa cómo pendulea.

Bob no sabe qué hacer, no ya con su vida, sino con ese jueves tórrido de agosto que le ha tocado vivir en la calle 34 del barrio de Chelsea, Manhattan. Se pregunta repetidamente, ¿dónde se mete la gente de Nueva York en agosto? Se pone los pantalones con intención de bajar a la licorería de la esquina a por una botella de vino y, de paso, pillar un slice de pizza en el carrito del polaco, y ya que está, ir al videoclub a por la segunda temporada de Bonanza. Pero la licorería no está abierta al mediodía, el carrito del polaco pone «cerrado por funeral», y en el videoclub Bonanza está alquilada, así que se lleva la 3ª temporada de House. De camino al portal, un tipo avanza hacia él por la acera, que es un huerto de soles y espejismos. Le ofrece Rolex falsos, collares de plástico. El reflejo de un envoltorio de helado del suelo le da en un ojo, no ve con claridad. Finalmente compra un llavero de la Estatua de La Libertad; le hace gracia porque está construida con cerillas. Tiene muchos llaveros de la dama blanca, pero éste nunca lo había visto. Con House en una mano, y la Estatua en la otra, entra en su apartamento. A Bob le fascina el hecho de que todo monumento sea susceptible de amasarse en miniatura con el material que a uno se le antoje. Todos los materiales pueden convertirse en Estatuas de La Libertad: yeso, carey, silicona, caucho, tibia de vaca o cerillas. Esa ubicuidad de la miniatura le parece algo definitivo para postular la superioridad de las Estatuas de llavero sobre la original. Es más, si por él fuera, cogería un día el barco turístico que sale de Downtown y dinamitaría el monumento. Deja la Estatua de la Libertad sobre la encimera de la cocina, entre la botella de Budweiser vacía y un libro de un tal Roland Barthes que pone en el lomo: La Torre Eiffel. Ese libro le gusta, habla de copias y llaveros.

* * * * * * * *

Hace pocas semanas, con eso de que la novedad solar del verano te lleva a hacer cosas raras que en otro momento ni te plantearías, me tumbé en la silla reclinable de la piscina del hotel y me entregué a la lectura del cuento Calidoscopio, de Ray Bradbury. La brutalidad de uno de los párrafos es la siguiente: después de que la nave en la que viajaban se partiera en 2 como por la intervención de un gigantesco abrelatas, los 12 astronautas salen expulsados. Cada cual se pierde en caída libre, el espacio vacío los absorbe hacia órbitas desconocidas o hacia la desintegración, lo único que les une son sus radiotransmisores. Ahora en vez de hombres eran sólo voces, voces incorpóreas y desapasionadas, con distintos grados de terror y resignación. Cerré el libro, lo dejé sobre la toalla y pensé en cómo, a lo lejos, diminuto, verían esos perdidos astronautas nuestro planeta, qué clase de extraña miniatura sería para ellos la Tierra cuando ésta no es un llavero sino que sigue siendo el planeta Tierra. Pensé mucho en eso, también en otra gente que se había perdido sin rastro en lugares que aún nadie ha visto. Es una imagen que no deja que mi cabeza descanse.

Entonces ocurrió lo siguiente: abandoné la piscina y me fui directo a la habitación. Tras una ducha encendí el ordenador y entré en un blog que a veces visito. Es un blog de viajes que desde hace un par de años está inoperativo, pero lo conservan tal como quedó abandonado. Me gusta ver esas palabras e imágenes detenidas en un tiempo que ya no existe, una arqueología del saber. Como debo ser la única persona que lo frecuenta, la sensación es la misma que descubrir y habitar por unas horas un espacio perdido. A veces creo entender lo que sintieron los primeros que llegaron al Machu Picchu, o a la Luna, y también creo entender lo que sentirán los que algún día descubran la exacta ubicación de la Atlántida. Repasé las ofertas de vuelos a Cancún, hotel incluido, leí los comentarios de un grupo de viajeros a los que les habían estafado en Praga, otros que glosaban su experiencia con las avispas en las Alpujarras, me detuve unos instantes en las fotos de «Submarinismo en Cuba Ya», en las que descubrí publicidad encubierta sobre prostíbulos bajo el agua, y así hasta que una anomalía me detuvo: noté por primera vez la foto de la Estatua de la Libertad gastada, como si los píxeles hubieran perdido intensidad. Tiré para adelante y lo mismo me ocurrió con una foto de La Ciudad de Las Artes y Las Ciencias de Valencia. Días más tarde ese efecto había aumentado, de ambas imágenes casi habían desaparecido los píxeles centrales, exhibían un vacío, un pequeño agujero gris; de momento no era negro. Desde entonces el efecto ha ido en aumento, extendiéndose hacia el borde de las siluetas de esos monumentos, pero no los traspasa, muere en sus contornos, y eso me extraña. Hasta he pensado que no es que pierdan sus píxeles, sino que desde muy lejos algo arroja su sombra sobre ellos.

AFM, agosto2008