
BUZOS HACIENDO SURF
Un documental sobre Surfin’ Bichos
La Nube Estudio, http://www.lanubestudio.com/
Año: 2008
Duración: 100 minutos
Nacionalidad: España
Dirección: Rogelio Abraldes
Producción ejecutiva: Carlos Valcárcel
Guión: Gabriel Molero, con Rogelio Abraldes y Carlos Valcárcel
Fotografía: Fran Piñeiro y Rogelio Abraldes
Sonido directo: Miguel López
Montaje de sonido y mezclas: Alex F. Capilla y Nacho Royo-Villanova
Etalonaje y postproducción: Francisco Cubas
En Albacete, tras la proyección y charla de Buzos Haciendo Surf, algunas personas me sugirieron que estaría bien tener todo el texto que llevaba escrito y que, obviamente, no leí en su totalidad por 2 motivos: falta de tiempo y no caer pesado.
No sé qué importancia tendrán estas notas para quienes no han visto la película, ni siquiera para quienes la han visto, pero ahí quedan por si a alguien le interesan.
Ojalá se pueda ver pronto en DVD. Por lo que me dijo la productora, de momento se paseará por festivales, más información en la página http://www.lanubestudio.com/
TRAILER DE LA PELÍCULA
EL TEXTO ÍNTEGRO:
ZOO HUMANO
Terminaba el siglo 18 cuando la gente en Francia pudo conocer los primeros zoológicos. Había un gran interés por ver de cerca fieras de otras latitudes. Exposiciones públicas itinerantes.
Como perfección y límite sádico-festivo no tardaron en aparecer los zoos humanos. Triunfan en Londres. Mujeres traídas de tribus remotas con 3 nalgas y labios vaginales de 20 cm, criaturas nacidas con 2 cabezas, sin manos, etc, eran exhibidos en Picadilly. Se les hacía estar dentro de jaulas y se les instruía para que se comportaran agresivamente, como en estado salvaje. El éxito era total. Una media de 200 mil personas por exposición.
En el año 2006 la banda Sufin Bichos se reúne tras un silencio de 13 años para hacer una gira. La expectación, en este caso, también es importante.
No sólo el nombre, Sufin Bichos, sino la música y los textos llaman a una especie de unión amorfa, de cuerpo fuera de lo normal, fuera de los estándares. Un Zoo Humano, musical en este caso. Son Surfin, sí, pero también son Bichos, es decir, son Malibú, pero también criaturas que se desarrollan bajo tierra. De esa reunión de 2006, sale una de las giras más esperadas en mucho tiempo en la música española. Miles de personas, como en los zoos humanos, esperan ver a las criaturas una vez más antes de que desaparezca la especie.
Los zoos humanos son un intento de lograr, desde el punto de vista de la semiología visual, lo que se denomina el “grado máximo de iconicidad”, es decir, el objeto como imagen de sí mismo, el objeto que no tiene parangón o imitación porque es único, es un icono de sí mismo. En este sentido, los Sufin Bichos entran por derecho propio en la categoría de Zoo Humano [Musical], ya que su paso por la escena de la música española fue única, no se parecían a nadie y nadie se les parece. No hay copias, la única copia son ellos mismos, una copia a escala 1:1. La película Buzos Haciendo Surf da cuenta perfectamente de esto.
Me ha interesado mucho esta película por diferentes motivos:
1) No se convierte en un relato triunfalista, apoteósico, sino en la historia de un grupo narrada desde un punto de vista neutro. La presencia del director está bastante borrada, en el sentido de que no prevale un “estilo”, lo cual se agradece. Nada que ver con películas cargadas de golpes de efecto y golpes de estilo.
En este sentido la película es cuadrada, cúbica, sin puntas, como lo es Surfin Bichos: comunica una inquietud en absoluto estridente, casi serenidad. En este sentido, creo que el director y el guionista han sabido recoger la sustancia del grupo perfectamente.
Hay también un cierto pesimismo, no en vano comienza con unas campanadas a muerto y termina con las mismas campanadas. Que cada cual extraiga sus conclusiones.
NOTA: En la copia exhibida en público, hacia el final hay unos insertos de concierto de la canción El final de una quimera, e inmediatamente pensé que el final había sido modificado respecto a la copia que yo tenía, y que terminaría con ese tema que, personalmente, me parece optimista. Pero no. FIN DE LA NOTA.
2)
Es un documental que posee algo que lo hace especial: es una película de un grupo que ya no existe, pero tampoco es un homenaje a algo muerto ya que mientras se rueda el grupo está en activo. Una rara paradoja que conduce a que, en justa correspondencia con lo narrado, la película entre también en la categoría de Zoo Humano, en este caso cinematográfico. Ese elemento de existir/no existir. Estar presente/ ausente al mismo tiempo, genera una tensión narrativa y dramática de interés. Nunca sabes muy bien qué se está viendo, genera inquietud, como las propias canciones de los Surfin.
NOTA: Este ir y venir del grupo a la “escena real”, me acaba de recordar al Dingo, un tipo de perro australiano salvaje, muy especial por ser el único animal conocido que pasó de vivir en estado salvaje a ser domesticado, para después, en la actualidad, regresar al estado salvaje. Un movimiento antinatural, inverso, que hace pensar hasta qué punto el Dingo tiene memoria, de qué manera existen las huellas humanas en ese animal, ¿seguirá siendo un animal domesticado que en realidad finge su estado salvaje? FIN DE LA NOTA
3) En realidad es una película que trata de los afectos: yo, animal, elemento raro, os doy una gira, me hago visible una vez más, emerjo a la superficie, y vosotros me dais el reconocimiento que en su día no tuve. [Volveremos más adelante a esto].
4) El componente ascético-místico de los Surfin también se recoge en la película. Diría que es lo que más se recoge, diría que la cámara, de alguna manera u otra siempre nos lleva a la ausencia en el grupo de referencias que no tengan relación con el aspecto religioso u oscuro de la existencia.
ANÉCDOTA 1: la imagen de la carátula de una de las primeras maquetas de Sufin, grabada en casete, La Cebolla Sónica, mostrada en la película, guarda un aire de familia, con la portada de uno de los primeros discos de Leonard Cohen, Nueva piel para la vieja ceremonia. En ésta última se trata de un grabado de fin del medioevo relacionado con un tratado de alquimia. Evidentemente, la alquimia en el sentido amplio de la palabra, como transubstanciación de un elemento en otro, está muy presente en las canciones de los Surfin a través de la conversión de la carne en otros elementos sublimados, y viceversa. FIN DE LA ANÉCDOTA
Muy interesante es la presencia del cura fan de los Surfin, Rami, que da cuenta del parecido espiritual entre Alfaro y Cohen. Un cura fan de Surfin-Bichos, otro ejemplar para el Zoo Humano, en esta caso más bien sobrehumano.
5) La película dibuja muy bien el destino maldito al que la banda estaba abocada en aquel momento (finales de los 80, inicios de los 90) por dificultades de comprensión por parte de la industria y el público. Por otra parte, como dice Santi Carrillo (ROCKDELUX) a la cámara, ellos no lo ponían fácil con letras duras o que exploraban bajas pulsiones. EJEMPLO: Fuerte, uno de sus éxitos, trata de un incesto.
6) HABLEMOS DE POP
La austeridad formal que hay en cada fotograma, se pone en consonancia con esa característica oscura del grupo.
Llama la atención la casi total ausencia de publicidad en una película que habla de un grupo de rock. Si nos fijamos, sólo hay elementos pop cuando aparecen escenarios que no son propiamente los del grupo, por ejemplo, la casa del primer manager, Manolo Rock, decorada con diversos posters e iconos pop (impagablemente lúcidas sus declaraciones), o el bar de Madrid en el que quedan el manager de la gira del 2006, Mariano Tejera, y Jesús Ordovás, que exhibe en sus paredes reproducciones de El Bosco y carteles vintage de películas de ciencia ficción serie B, algo que, por otra parte, es un acierto al tratarse de una iconografía cercana a no pocas canciones de los Surfin, canciones en ocasiones de una, si se me permite, “mística de serie B”. Quiero decir que si al cine Serie B de terror de los 50 y 60 le eliminas la parte cómica, queda un sustrato de terror básico, un terror sereno, no terrorífico, que en mi opinión también está en el grueso de la producción de los Surfin.
7) HABLEMOS DE EL TIEMPO
Sigue llamando la atención, cómo el documental recoge tan insistentemente el local de ensayo del grupo, y esto es para mí uno de los grandes aciertos de la película debido a lo que local de ensayo revela: nada. Es decir, revela la nada, que no es poco. Me explico: las paredes del local están completamente desnudas, nada lo diferencia de una celda, ya sea de prisión o de monasterio. El grupo no necesita referencias del mundo exterior, todo está dentro, algo típicamente romántico, en el sentido del genio creador que funciona por estímulos o iluminaciones propias, a la vez que ascético.
La perplejidad se hace superior cuando la cámara recoge –seguimos en el local de ensayo- un calendario en la pared, un almanaque [pongamos, Talleres Eladio, Chapa y Pintura], el único elemento que hay en ese local que hace referencia a algo de afuera, algo más allá de sus paredes, más allá de de la burbuja llamada Surfin Bichos, más allá de la jaula de criatura de zoo. Pero hace bien la cámara en darnos ese detalle, ya que no hay preso sin celda y no hay celda sin calendario para ir aspando los días con una equis. Hay un segundo motivo que hace al detalle interesante, el tiempo es una de las grandes obsesiones de las canciones de Sufin Bichos, ya sea como su ausencia, es decir, como muerte, o como presencia conflictiva.
NOTA: La palabra impresa que más sale en la película es Marshall, la marca de los amplificadores, lo que, si se me permite la broma, nos conduce de nuevo a un eco de desierto, de pionero, de ajusticiamiento, de horca, el conflicto y/o a la muerte.
NOTA A ESTA NOTA: He comprobado que se podría hacer una clasificación de los grupos de música por los amplificadores que usan. No es la marca de las guitarras, ni el modelo de guitarras, bajos y baterías, ni siquiera la vestimenta ni las canciones en sí lo que diferencia a los grupos. El río subterráneo de las diferencias está en los amplificadores.
8) HABLEMOS DE LA CARNE.
Antes hemos comentado la presencia de elementos publicitarios y pop sólo en las personas satélites al grupo: casa de manager, bar de reunión. Esos lugares representan claramente el elemento carnal en la película, pero de la carne festiva, no de la carne torturada tan presente en las canciones de los Surfin. La película, no sé si voluntariamente o no, da esos 2 elementos cárnicos de balanza. La carne como solución (placer) y la carne como problema (elemento de tortura que llevamos con nosotros y cuya única desaparición pasa por la muerte). La misma alusión a la existencia de Hermano de Sangre [título de una canción de los Surfin] plantea una maldición irresoluble, estar atado para siempre alguien por lazos de sangre, otra cárcel a través de la carne. Evidentemente, la hermandad de sangre sólo puede conducir, o bien al tema de Caín y Abel, al asesinato; o bien al suicidio. Es la única manera de liberarnos de esa maldición carnal.
9) HABLEMOS DE ALGO MUNDANO:
No obstante, la película está jalonada con discretos detalles cómicos, que nos recuerdan que hasta lo inalcanzable también es humano.
-Un autobús, es de noche aún, sale de la ciudad para perderse por las carreteras nacionales. En el autobús, semivacío, hay 5 músicos. En ese contexto, los músicos se pasan de un asiento a otro un bocadillo de tortilla envuelto en papel aluminio y beben agua mineral Font Vella a morro. Nunca había visto en un documental de una banda a los músicos en gira comiendo un bocadillo y bebiendo agua Font Vella, un verdadero hallazgo en la película, alejada de la clásica mitificación del músico como súper héroe dentro y fuera del escenario.
-Otro detalle entrañable es la presencia de un niño (pongamos 4 años de edad), el hijo de Carlos Cuevas (batería), al que Joaquín Pascual (guitarra) le da unos cromos. Inevitablemente uno se pregunta cómo alguien que toca en un grupo como los Surfin puede tener en su casa unos cromos, y en cualquier caso, de qué serán esos cromos, qué demonios se estará llevando ese niño a su casa.
-Un amigo (Joaquín Pascual), va a buscar en una Vespa a otro amigo (Carlos Cuevas), que lo espera en una esquina, para ir a ensayar. Evidentemente, nadie más allá de los 40 años va a buscar a un amigo en Vespa para ir a un ensayo. Aparece aquí un elemento fundamental que recorre toda la película: la amistad a prueba de tiempo, ese tipo de amistad que sólo se puede dar en la adolescencia. Lo que nos está diciendo el director, Rogelio Abraldes, escenificando esa situación traída desde un tiempo remoto, adolescente, es que hay un núcleo de camaradería indestructible en los Surfin, un núcleo que se gesta, como no puede ser de otra manera, en la adolescencia. Esta presencia de la amistad recorre la película de principio a fin.
-José Manuel Mora (bajista), tiene en una pared de su casa un antiguo poster promocional del grupo, pero no en un lugar cualquiera de la pared: está detrás de una puerta, de tal manera que cuando la puerta está abierta el poster no se ve. Normalmente en las casas las puertas suelen estar abiertas. Un freudiano haría de este detalle maravillas. Como no es mi caso, me limitaré decir que lo cómico viene cuando Mora dice que el poster está ahí para que la guitarra, apoyada detrás de la puerta, no manche la pared. Una forma cómica e inteligente de quitarle hierro a algo que en realidad es importante; tanto, que se oculta.
NOTA: Obsérvese la forma tan curiosa que tiene Carlos Cuevas de coger las baquetas, sobre todo la izquierda. Realmente, cuando golpea el parche, parece que está azotando a alguien. Eso, unido a sus ojos cerrados, a la expresión de gozo y sufrimiento de su rostro, y a que termina sangrando en esa mano como consecuencia de golpearse contra el marco de la caja, hace que más alguno/a con mente calenturienta extraiga conclusiones más o menos estrambóticas. No seré yo. FIN DE LA NOTA.
ANÉCDOTA PERSONAL Y UNA VALORACIÓN: El primer LP que yo tuve de los Surfin fue El Fotógrafo del Cielo (1991), lo compré porque los vi un día por la tele, no recuerdo en qué programa, pero era uno de esos programas de variedades, un poco tontos, en los que tanto salían María del Monte como, sin ir más lejos, Surfin Bichos. Tampoco recuerdo la canción que tocaron, pero me impresionó mucho una cosa: era una melodía casi infantil, como de dibujo animado (un poco de cierta Velvet Undeground), pero tanto que parecía que sólo una tragedia pudiera acontecer dentro de esa canción, y en efecto: la letra de la canción era absolutamente cruda. Ése es para mí el gran acierto de este grupo, esa combinación que nadie había hecho hasta entonces en la música española. Esa cosa amorfa propia, puro pegamento, una vez más, de un zoo humano.
EXPLICACIÓN A UN DETALLE DE ESTE ÚLTIMO PÁRRAFO: Antes de 1991 yo ya conocía a los Surfin, varios amigos y gente ocasional me hablaba de ellos. Nunca me había puesto a oírlos en serio. El porqué era que no me fiaba de las fuentes. Los motivos por los que me decían que eran cojonudos, para mí eran más o menos chorradas, puntos anecdóticos que ya veía en otros grupos. Es decir, en lo que a mí respecta, los fans que yo conocía le hacían un flaco favor al grupo. Tuve que verlos en aquel programa tonto de la tele para encontrar por mí mismo el agujero por el que colarme en su música. Conclusión: la tele es maravillosa, contiene azar, como la misma vida.
10) HABLEMOS DE CUBOS Y DE VELOCIDAD:
En cualquier caso, es Buzos haciendo Surf una película en la que no hay velocidad, una película que si tuviéramos que asociarla a un volumen geométrico, éste sería un cubo: no hay nada que llame al movimiento, es cerrada en sí misma, como lo es Surfin Bichos, como lo es el local de ensayo, como lo es el calendario pegado a la pared del local de ensayo, también cuadrado. Esto hace que la película, acertadamente, sea como el grupo: oscura pero no siniestra, oscura pero no gótica, oscura pero sin puntas. Es una película que, como el cubo, transmite estabilidad, serenidad.
En la película se cita varias veces que Surfin son el eslabón perdido en la música española entre los 80 y lo 90. No es casualidad que ese eslabón, ese tocar fondo para renacer sean unas canciones básicas, crudas, elementales, y radicales en el sentido literal del término: que agarran las cosas por la raíz. Para renacer, antes hay que tocar fondo, hay que convertirse en una partícula elemental.
NOTA: Es un caso que recuerda, pero inversamente, al de Kaka de Luxe como eslabón (en este caso no perdido) de la música entre los 70 y 80. De la misma manera que la música española de los 80 no se entiende sin Kaka de Luxe, la música española de los 90 no se entiende sin Surfin Bichos. Aunque los movimientos internos de esos dos fenómenos sean en cierto modo inversos: Kaka operó de Spam, de explosión que emite sus productos al hiperespacio, traducido en todos los grupos que generó. Y los Surfin operaron más bien de imán: silenciosamente, muchos grupos van, año a año, acercándose a ellos, pegándose a ellos, como si hubieran generado en su entorno un campo gravitatorio musical. FIN DE LA NOTA.
11) HABLEMOS DE FERNANDO ALFARO:
La presencia de Alfaro, tal como está gestionada en el documental, le da a la película una nueva dimensión. Es el único miembro del grupo que no sale en su casa o en lugares integrados en el tiempo presente, por el contrario, el escenario que se elige es una antigua casa familiar. Aparece el enigma como elemento metafórico. Allí tienen lugar las conversaciones y entrevistas con él e Isabel León.
La aproximación en coche a esa casa [conduce Isabel León, Fernando copiloto, cámara en asiento de atrás] nos ubica en un paisaje salpicado de parques eólicos, lo que nos hace pensar inmediatamente en molinos de viento, en personajes quijotescos en el buen sentido de la palabra: el drama entre lo real y imaginado. Presagia lo que tendrá lugar momentos más tarde.
En la casa familiar, la película se une al más clásico género documental, nos hace pensar en Alfaro como en el final de una saga. Incluso supera al mero documento: volver a una casa así nos trae ecos de Manderley, de Rebeca de Hitchcock, y de toda la iconografía de cine romántico-expresionista. Es el momento en el que las imágenes nos muestran el lado más íntimo de Fernando, porque nada hay más íntimo que el pasado, la familia y la infancia.: se nos aparece la debilidad del creador. Ningún artista está completo hasta que no percibimos su parte más infantil e íntima, ya que es entonces cuando el icono pop, que por fuerza es un objeto inmaculado, se convierte en persona.
Memorables los momentos en los que Fernando recuerda cómo jugaba por los tejados de las casas adyacentes, o cuando intenta tocar una canción con su antigua guitarra española y no puede por el frío que hace en esa casa. Fernando tiene frío, sus canciones tiene frío, Surfin Bichos surge del frío, un frío que se mantiene hasta el final de la película, con las ya citadas campanadas a muerto. Por otra parte, el frío conserva. Son tramos, insisto, memorables, que me recuerdan bastante a películas como El Desencanto de Chavarri, o Después de tantos años de Ricardo Franco, en las que se retrata la familia Panero: el conflicto de quien regresa a la casa familiar y se enfrenta a los fantasmas.
En general, los documentales adquieren un tono de ficción cuando en la película hay ecos de conflictos no resueltos, incógnitas sin despejar. Eso crea un halo, un territorio más allá de lo real. Ese papel de elemento que promociona la película al campo de la ficción lo encarna perfectamente Alfaro, que deja muchas incógnitas en su personaje, siempre semi-velado, por varios motivos:
-No llega explicar el porqué de la separación de la banda.
-El resto de la banda se atiene a hechos consumados
-No aparece su casa, sino la casa familiar: el pasado, la incógnita.
-A pesar de ser el que más documentos del pasado aporta, no despeja incógnitas. Al contrario, sus aportaciones hacen aún más laberíntica la reconstrucción de la historia interna del grupo.
Especialmente emocionante para mí, ha sido ver cómo Fernando señala desde el coche la gasolinera familiar en la que compuso gran parte de las canciones. Es una anécdota personal, pero yo en su día supe de la existencia de esa gasolinera, y de Fernando en ella, y fue una imagen lo suficientemente potente como para inspirar uno de los personajes más importantes de mi libro Nocilla Dream, que escribí en Tailandia. Sería muy largo, y se saldría del tema, relatar cómo la imagen de un Fernando componiendo en una gasolinera, que yo ubiqué en un desierto de Albacete, fue creciendo y condicionando aquella novela a miles de kilómetros. Ver ahora esa gasolinera, es un choque emocional para mí difícilmente explicable. Mi ficción se hace aún más ficción. Así que no seguiré hablando de esto ahora.
Sólo me interesa señalar lo bien que están escogidas las imágenes de esa gasolinera, ahora abandonada, una ruina contemporánea de incalculable valor. El director inserta en el momento preciso una nota de Alfaro, escrita a mano de su puño y letra en un antiguo papel de publicidad “Lubricantes Shell, Compromiso de Calidad” . Se trata de una de la letras más brutales de Alfaro:
Mi amigo Juan me solía contar
cómo desaparecer
sin dejar rastro ni cadáver que llorar,
nunca más lo he vuelto a ver.
Nada más fácil
que alquilar un bote y a alta mar,
una piedra al cuello
un simple agujero,
un tajo en las venas
y a esperar.
«Sé mi refugio en el fondo del mar»
repiten las olas con la voz de él,
nunca más lo he vuelto a ver.
«Dulce refugio entre las olas del mar»
Tal vez ande por otro país u otra ciudad,
nadie lo volvió a ver más.
«Sé mi refugio entre las olas del mar»
Reza por su alma, él la buscará.
Nadie lo volvió a ver más.
COMENTARIO FINAL, QUE NO POR IR AL FINAL ES UN COLOFÓN, SINO AL CONTRARIO, SÓLO UNA NOTA AL MARGEN, DIGAMOS QUE RESIDUAL.
Lo único que echo en falta en la película es una contextualización histórica del grupo: qué ocurría en este país en aquella época, qué ocurría en la música española, qué referencias musicales son las de Surfin, etc. Sobre todo para que se pueda entender la importancia del grupo, para que cobre la dimensión exacta.
Los que vivimos eso lo sabemos, pero la película, como documento, quedaría más redonda si alguien que ahora tiene 20 años [o alguien que tiene 80 y no supo jamás quienes eran los Surfin], pudiera situarlos en un marco.
en 1991
