Oreja [1]

Sería el año 1991 ó 92. Con mi primer sueldo me compré un reproductor de vídeo, mi primer reproductor de vídeo propio. Lo quería, fundamentalmente, para grabar películas, hacerme una videoteca. Mis fuentes principales de películas eran Cine Club de la Segunda Cadena [así se llamaba entonces La2], y la videoteca que un amigo, Saab, quien gracias a su cuñado, que era director de cine, tenía miles de pelis. Nos poníamos a grabar de vídeo a vídeo en maratones de más de 48 horas, durmiendo por turnos o no durmiendo mientras los reproductores echaban humo. Con el tiempo llegué a acumular más de 2000 películas en VHS, que fueron ocupando las estanterías de las casas que fui teniendo a partir de entonces. La primera peli que grabé, con la que me inicié en el arte del pirateo, fue una llamada La Oreja, una producción en blanco y negro, de algún país del Este, que pusieron un día a las tantas en la tele. No tenía ni idea de qué iba, pero el título me pareció bien. El caso es que, una vez grabada, coloqué aquella primera cinta de VHS en mi estantería, y no la vi esa semana, ni la siguiente, ni ese año, ni el siguiente, y cargué con la cinta casi 16 años, de casa en casa. No verla se convirtió, con el tiempo, en una especie de ritual particular, llegó a gustarme mantener esa incógnita inscrita en el propio tiempo. Por algún motivo me parecía que el misterio de esas imágenes estaba insertado en el tiempo, le pertenecían. Veía la cinta, vertical entre otras, y veía una carcasa que era una Oreja, y contenía algo temporalmente indescifrable; eso me gustaba. Imaginaba que la Oreja, año tras año, desde su ataúd plastificado en la estantería, escuchaba todas mis conversaciones, todas mis peripecias, todos mis hallazgos, todas mis miserias; lo sabía todo de mí, aunque yo nada de ella. Después amplié sus atributos, y a la oreja le creció su correspondiente cabeza: aunque ciega, veía. Aunque muda, hablaba. Aunque inerte, pensaba. Hace pocos meses me decidí a verla. Apagué la luz, metí la cinta en el reproductor, y antes de dar el primer sorbo a la Coca Cola ya la cinta me reveló que las imágenes habían desaparecido. Todo era oscuro.  ¿Fruto del deterioro magnético o corpuscular propio del VHS? Supongo que sí. La tiré a la basura. Estarán esas imágenes de nada, imágenes en negro, trituradas en algún vertedero, y con ellas, el trozo de tiempo, de mi tiempo, que la Oreja fue escuchando, acumulando, en esos 16 años de vida, de mi vida. He buscado la película en la Red infructuosamente, no sé quién es el director, ni la nacionalidad de la producción, ni siquiera sé si es una basura de peli, aunque para mí es una obra maestra de la invisibilidad. Sigo sin saber nada sobre esa Oreja.

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La pasada semana he vuelto a ver una de las películas que más me gustan de la historia del cine, Blue Velvet, de Lynch. Si tuviera que seleccionar  mis 20 pelis favoritas, seguro que Blue Velvet estaría entre ellas. El asunto es el siguiente: años 80, una pequeña ciudad de Carolina del Norte, una tarde soleada, Jeffrey, interpretado por Kyle McLachlan, [en una escena muy a lo Perro Andaluz], encuentra una oreja humana en un descampado cuando vuelve de visitar a su padre, que está en el hospital. Entonces Jeffrey se agacha, toma la oreja con sus dedos (como si fueran pinzas), la observa, y la mete en una bolsa de plástico de un burguer que encuentra allí al lado.

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A partir de ese momento, esa oreja se convierte en el símbolo de toda conversación, de todo gesto, de todo sonido que acontece en la película, esa oreja ya no es amputación, sino, todo lo contrario, una amplificación: se pega y adapta a un nuevo cerebro, la película en sí. Esa es para mí una de las escenas más terroríficas que he visto en el cine, y sin embargo, por algún motivo que se me escapa, me proporciona paz.

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Estas navidades me desplacé a Santiago de Compostela. Entre otras cosas, quería ver a mi buen amigo Germán Sierra, que el próximo año saca novela. A él le debe la literatura una de las novelas -dicen- más importantes de los años 90, Espacio aparentemente perdido, escrita, según me comentó, en Los Ángeles en 1993. Y digo que «dicen» porque no la he leído ya que está agotada; ni él la tiene. Germán Sierra, además de novelista de primera fila e investigador en el campo de la neurobiología aplicada a la epilepsia, es, junto con su pareja, Cruz Calvo, uno de los mayores expertos en alta cosmética de este país. Así que me pasé por su tienda, Beauty Cube, metida en una de esas callejuelas imposibles del casco antiguo de Santiago, y me enseñó con orgullo el número de la revista Wallpaper en el que se reseña su tienda como una de las 5 mejores del mundo en cosmética. Me contó que la responsable, artífice y oráculo de todo eso es Cruz; él echa una mano. Me estuvo explicando mil detalles técnicos de las cremas, y hasta a mí, que en la vida las uso, me daban ganas de ponérmelas todas. Salimos fuera a fumar un pitillo, hacía un frío que te morías, pasó un tipo que yo conocía de vista desde pequeño, ahora conducía una furgoneta de reparto de bollería industrial, en el salpicadero llevaba un cuervo vivo, aleteaba. Pasó muy rápido, seguí con la mirada el portón trasero de la furgoneta hasta que dobló una esquina.

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Tras despedirme de Germán y de Cruz, me dirigí a una tasca cercana, se llama La Orella (La Oreja), hacía unos 15 años que no iba. Me encanta la oreja de cerdo, y más de la manera en que la preparan ahí, simplemente hervida con sal. Te la ponen troceada en un plato pequeño y tú echas pimentón a tu gusto. Me senté en la barra, pedí además una cerveza; en la tele hablaban del temporal, una tipa rubia señalaba un barco vuelto del revés. El plato que me pusieron contenía partes de la punta de la oreja y también partes más cercanas al oído. Es como un cartílago blanco y plano rodeado de una masa gelatinosa, y por último la piel. Se toma con palillo. Observé bien las partes del interior del oído, y se me hicieron extrañas, unas espirales de oído de cerdo que contenían los sonidos que había percibido el cerdo pero que de repente eran más que simples sonidos percibidos por un cerdo, eran información pura, aunque indescifrable para mí. Nunca había visto un plato de oreja de cerdo bajo la influencia de semejante extrañamiento. Fue ahí, en ese momento, cuando recordé las imágenes desaparecidas de la película La Oreja, y fue también cuando al instante me vino a la mente Blue Velvet, y Jeffrey, en cuclillas, en un descampado americano, agarrando con los dedos una oreja humana amputada. Todo eso me sobrevino de golpe, con la inercia de un péndulo que te da en la cara, sentí cierto vértigo al observar aquellos trozos de pabellón auricular en el plato. ¿En qué naturaleza se ubicaba esa oreja de cerdo que tenía delante? ¿Era imagen, era VHS, era humana devaluada, era animal promocionada, era información por decodificar? ¿Qué se me pasaría por la mente si me la metía en la boca?

A pesar de que de regreso a La Coruña conduje casi todo el tiempo con las largas, no veía bien la carretera. No me cruzaba con ningún otro coche. Tampoco nadie me adelantaba. Por forzar a la memoria, como un juego tonto de incalculadas consecuencias, rodé por carreteras viejas, que casi no recordaba, la mayoría ni las conocía. A tramos llovió, puse la radio hasta que dejó de funcionar por falta de repetidor cercano. No tenía prisa. Podría pasar toda la noche conduciendo, inventando bosques y pueblos apagados, carteles de Café-Bar El Stop rotos a pedradas. Lógicamente, me perdí. Serían la 6 de la madrugada cuando llegué a un ramal de la autovía Santiago-Coruña, y me metí hasta detenerme en la Estación de Servicio. El interior era muy grande, estaba lleno de estanterías con comida, podías quedarte a vivir a allí sin ningún tipo de problema. Sólo estábamos el dependiente-gasolinero y yo. Pedí un café con leche y una especie de bollo con corazón de chocolate. El tipo era silencioso, lo único que intercambiamos fueron las monedas. Me senté en una mesa al lado de los cristales, muy amplios; delante, los surtidores, las montañas al fondo. Casi amanecía. Mientras revolvía el café, por encima de las montañas, entre un cúmulo de nubes oscuras emergió, solitaria y más clara que el resto, una nube con forma de oreja. Detuve el movimiento de muñeca y me quedé observando hasta que se deshizo. Una oreja perfecta para una noche perfecta, pensé.

34 comentarios para “Oreja [1]”

  1. bareta dice:

    Sensacional historia, Agustín. Te superas día a día. ¿Podría ser esta la película?: http://movies.nytimes.com/movie/review?res=9E0CE7D9133CF936A15750C0A964958260 Por la sinopsis, la nacionalidad y demás, creo que cuadra todo. Saludos desde la mina (de guardia). Bareta.

  2. agustín dice:

    Qué tal, bareta. Muchas gracias. Se cuenta lo que se vive. Luego miro lo de la peli, que justo ahora no puedo. Ya te diré si es o no. Un abrazo!

  3. Rafael I. Llodrá-Llopis dice:

    Las coincidencias no existen… O eso, o una sublimación del "efecto preñada" (cuando lo estás, o tu mujer, sólo ves preñadas por todas partes, aunque esto sólo es un ejemplo, claro). Un relato de diez, Agustín, en tu línea; enhorabuena, y gracias por compartirlo.

  4. Pedro dice:

    Joder, qué historia más buena.

    Yo soy incapaz de tirar mis películas en VHS y cintas de cassette. Siguen en el trastero.

    A mi de David Lynch me gustan más Mulholland Drive o incluso la pre-cuela en formato 35mm que hizo sobre Twin Peaks. De todas maneras, la trama y la canción de Chris Isaak me encantan.

    Las orejas que más me han impactado son las imágenes de Luis Buñuel y los dibujos de Dalí. Bueno, y la oreja a la plancha que hacen en un sitio que conozco en el centro de Madrid. Qué ricas.

    En cuanto al dibujo…yo no creía en la reflexoterapia (como tratamiento serio para combatir ciertos síntomas), pero me la recomendó la neurocirujana para tratarme una hernia. He de decir que me ha aliviado más del 70% del dolor.

    Y lo de siempre: un abrazo!

  5. bareta dice:

    Hola, otra vez. Veo que el otro enlace no va del todo bien(pide una clave, aunque si entras directamente desde Google no lo hace). Así que te mando estos otros dos: http://www.notcoming.com/reviews/theear/ y http://www.timeout.com/film/reviews/63652/the_ear.html.
    … y así pasa la guardia.
    Bareta.

  6. agustín dice:

    Hola Rafael, debe ser que sólo vemos lo que queremos ver. Siempre he pensado que el mundo está en la cabeza, no fuera. Hay un párrafo de un libro de Rorty, Ironía Contingencia y Solidaridad, se llama el libro, que lo define muy bien y lo suscribo al 100%. No lo tengo ahora a mano, a ver si lo pongo un día. A veces creo que sólo creo en el solipsismo. Un abrazo.

    Pedro, yo no tiro casi ninguna VHS, son una carga, pero tienen algo. Esa era especial, y no se veía nada; creo que fue una muerte digna para una oreja.
    En la novela de Román Piña, Gólgota (Lengua de Trapo), hay un tipo que se dedica a comprar cintas VHS en los rastros para hacer con ellas los muebles de su casa; una de esas ideas tan buenas que te gustaría que se te hubiese ocurrido a ti.
    Conozco ese bar que dices de Madrid, cerca de la Puerta de Sol. Es cojonudo. Creo que es el mismo donde dan patatas bravas.
    Un abrazo.

  7. agustín dice:

    Gracias, Bareta! Sí, sí, ésa es, The Ear, de Karel Kachyna. Porque recuerdo haber leído el argumento y coincide.

  8. Pedro dice:

    jajajaja! Pues sí, una de esas ideas que tanto me gustan 😛

    El caso es que me ha picado la curiosidad con el libro de Román Piña. No lo conocía. Gracias por las referencias,…lo buscaré por ahí.

    En cuanto al bar de la oreja y las bravas…ES EL MISMO QUE TU DICES. Está en el callejón del gato, y en la entrada tenía unos espejos cóncavos y convexos en los que tu imagen reflejada encogía o se alargaba. Al parecer Valle-Inclán era asiduo a este antiguo bar, y los espejos le sirvieron de inspiración para crear su particular estilo literario: el esperpento (qué cosas)…

    Dichos espejos fueron dañados en actos vandálicos y ahora tienen los originales en la pared de dentro, y unos nuevos fuera. Una pena.

    Ese bar, ahora que caigo, también es el que tiene la patente de la salsa brava.

    !!!UNA DE OREJAAAA!!!

  9. agustín dice:

    Que sean 2!!

    una vez quise comprar esa salsa y no la venden.

  10. cerillasGaribaldi dice:

    Pufff, Agustín, tocas muchas cosas en un sólo post, nos regalas tus razón de vivr y yo te lo agradezco.

    Te saco cuatro años, así que miramé como a los mayores de clase. Digo esto por explicarme con mis comentarios:

    Yo grababa Dinamita con un CassetteRecorder Mono en una radio Mono y con la antena rota. Simplemente pingaba el cassette al baffle de la radio y si entraba mi madre se grababa también.

    A pesar de lo rudimentario, esas cintas valen millones hoy en día, porque sobre todo nadie conoce el Ambition de Subway Sect.

    Y me gustó el Blue Velvet, es más, me enamoró, pero como soy un pco mayor, reivindico y valoro Straight Story, como la verdadera epopeya de Norteamérica, tan real y auténtica como la oreja de Valladares, y las Bravas, en Fco. Silvela de Madrid (yo invito).

    Y conducir es el riesgo infinito de cada día, el desafío audaz de nuestras vidas, es nuestra condición humana, para algunos, la razón de ser.

    Saludos, Ignacio

  11. Rodrigo dice:

    Hola Agustín, encontré el trailer en español de la película que te mencioné y aquí va:
    http://www.youtube.com/watch?v=JpceK_ESf4c
    Espero te interese y la veas, yo la recomiendo.
    Sobre éste post… pues después de leerlo se me ah quedado la idea de lo hábil que eres para relacionar las cosas; nubes, comida, lugares, y más, me gustaa tu modo de expresar las cosas. Por cierto como regalo de navidad recibí el Nocilla al que leí algunas páginas como adelanto y estoy seguro que será (y es) un buen libro.
    Saludos, Chao.

  12. agustín dice:

    Hola Cerillas, Straight Story, grandísima, también creo que ahí está la epopeya americana, el viaje, el pionero, el desierto. Cuando la vi me pareció que Lynch le hacía un corte de mangas a todos los que creían que no podía contar una historia plana y sintética, sin picos, casi japonesa. Desde luego, un peliculón. De Subway Sect, como sospechas, nada o poco sé. Mejor dicho, sé, pero nunca lo he oído. Asignatura pendiente.
    Gracias.

    Rodrigo, gracias por lo que dices. A ver si hoy puedo ver ese trailer. Celebro que tengas Nocilla. A ver qué te parece.
    Saludos!

  13. pablo m. dice:

    hola agustín, seguramente el párrafo del libro de Rorty al que te refieres no es éste, pero por si acaso copio de la pág. 47 de la edición castellana:

    "Fue Nietzsche el primero en sugerir explícitamente la exclusión de la idea de "conocer la verdad". Su definición de la verdad como "un ejército móvil de metáforas" equivalía a la afirmación de que había que abandonar la idea de "representar la realidad" por medio del lenguaje y, con ello, la idea de descubrir un contexto único para todas las vidas humanas. Su perspectivismo equivalía a la afirmación de que el universo no tiene un registro de cargas que pueda ser conocido, ninguna extensión determinada. Él tenía la esperana de que cuando hubiésemos caído en la cuenta de que el "mundo verdadero" de Platón era sólo una fábula, buscaríamos consuelo, en el momento de morir, no en el haber trascendido la condición animal, sino en el ser esa especie peculiar de animal mortal que, al describirse a sí mismo en sus propios términos, se había creado a sí mismo. Más exactamente, se habría creado la única parte de sí que importaba, construyendo su propia mente. Crear la mente de uno es crear el lenguaje de uno, antes de dejar que la extensión de la mente de uno sea ocupada por el lenguaje que otros seres humanos han legado".

    un saludo.

  14. agustín dice:

    Hola Pablo, gracias por la cita, que es cojonuda, capital. Pero no, no era exactamente esa, la que digo yo no hace alusión a ningún otro pensador, tiene un aire más de "pensamiento químicamente puro" (es un decir). Sé perfectamente cuál es, pero no quiero ponerla de memoria. A ver si hoy la copio.
    Me flipa ese libro de Rorty.
    Un abrazo, pablo.

  15. agustín dice:

    Hola otra vez Pablo. Ya encontré el párrafo de Rorty, para mí muy definitivo. Éste es:

    "Hay que distinguir entre la afirmación de que "el mundo está ahí afuera" y la afirmación de que "la verdad está ahí afuera". Decir que el mundo está ahí afuera, creación que no es nuestra, equivale a decir, en consonancia con el sentido común, que las mayor parte de las cosas que se hallan en el espacio y el tiempo son los efectos de causas entre las que no figuran los estados mentales humanos. Decir que “la verdad NO está ahí afuera” es simplemente decir que donde no hay proposiciones no hay verdad, que las proposiciones son elementos de los lenguajes humanos, y que los lenguajes humanos son creaciones humanas.
    La verdad no puede estar ahí afuera-no puede existir independientemente de la mente humana- porque las proposiciones no pueden tener esa existencia. El mundo puede estar ahí a fuera pero las descripciones del mundo no. Sólo las descripciones del mundo pueden ser verdaderas o falsas. El mundo, de por sí, no puede serlo."

  16. pablo m. dice:

    hola de nuevo, agustín; el (bello) pasaje que transcribes es típicamente rortyano; la oceánica cuestión que aborda el párrafo da para discutir hasta caer por agotamiento. Grande Rorty (aunque en algunas cosas no me convenza del todo), y grande el vacío que ha dejado con su muerte. Interesante el cuento "oreja". Un abrazo.

    Aquí Rorty hablando de su infancia:

    http://es.youtube.com/watch?v=11CqZd3B8B8

  17. B dice:

    Qué cosas tan buenas tocás en esta historia y tal vez nunca deberías ver esa película, ni ese primer día ni ahora.
    Orejas de cerdo hervidas, vaya, ésa es una de las cosas por las que me encantaría visitar España, su gastronomía es muy amplia y aunque en la tele lo pongan como si fuese un país con comidas tan extrañas y hasta asquerosas (según los de la tele), se me hace que todo eso me gustaría mucho.

    No sé si anteriormente has dicho algo acerca de la imagen de la parte de arriba del blog, pero me podrías decir de quién o de dónde es?

  18. Rodrigo dice:

    Hola Agustín, quisiera compartir lo siguiente contigo. Que no es algo tan desarrolado pero bueno me llevó a esa duda última.

    Raúl cuenta:

    "Una vez fui al campo con mi padre, yo estaba muy ansioso de ver aquel molino del que todos hablaban y mi padre sólo iba a acompañarme. Éste molino – decían – predecía el futuro con el mover de sus hélices por el viento, no contaba con ningún mecanismo adicional, cosa que lo hacía aún más misterioso. Había que contar las vueltas de las hélices por 30 segundos; 5 significaban trabajo (en mi caso estudio), 12 significaban salud, 17 significaban dinero, 35 significaban amor (no se sabe porqué tantas), 2 significaban vida y una sola vuelta significaba la muerte.
    Esa tarde de campo con mi padre incrédulo aunque algo curioso, presenciamos a las hélices del molino, que para sorpresa mía, solo dió una vuelta. Yo, por supuesto, me asusté. ¿Será que mi padre no controló bien el tiempo?; a lo que éste, en su momento me respondió: "fueron 30 segundos exactos".
    Al día siguiente como todos los días esperaba a mi padre a la salida de la escuela; no llegaba y ya se iba el último estudiante. Entonces vi a mi madre aparecer, presurosa y muy triste; tomó mi nuca y me dio la lamentable noticia que mi padre había muerto. Yo, por supuesto heché a llorar enseguida y me acordé del molino que vimos ayer y de sus hélices de vueltas tan desicibas que al parecer no eran para mí."

    ¿Será que los incrédulos tampoco creen en sí mismos?

  19. agustín dice:

    Hola B, ¿a qué imagen te refieres? ¿A la de Simon & Garfunkel? Gracias y un saludo.

    Pablo, gracias por el link!

  20. agustín dice:

    Gracias, Rodrigo, muy buena historia.
    Saludos

  21. Ingrid dice:

    buenísimo Agustín!!! Uau. De Blue Velvet lo que más recuerdo es el momento en que Denis Hopper canta la canción de Roy Orbison "In dreams I walk with you" -terrible!-, y Laura Dern diciéndole a Jeffrey: "vivimos en un mundo tan estraño" o algo así, dentro del coche (en el polo opuesto a la Laura Dern moribunda en "Inland Empire" -obra maestra!-). Nosotros hacíamos K7 con fragmentos de películas mezclando diálogos y canciones, evidentmente estaba el dedicado a Lynch. En el 2005 homenajearon a David Lynch en Sitges (¿recuerdas la oreja del póster?), yo estuve trabajando allí, diez horas al día escribiendo críticas. Una noche me colé en el cine y vi "Twin Peak", "Carretera perdida" y un documental muy bueno sobre Lynch. Salí con los ojos y la cabeza torcidos a las 5 de la madrugada y, con esa sensación imborrable que deja Lynch de "una realidad permanentemente bajo sospecha", había olvidado cómo llegar al hotel que la organización nos había reservado, un hotel más lynchiano que Lynch, que estas navidades ha estado en Sao Paulo predicando sobre budismo. Fue una buena edición de Sitges! tu texto me ha retrotraído a allí. Esto de Rorty también, en las frases finales, podría ser de Witty. Quizás. Qué bueno tu relato Agustín. Qué bueno. Y con él terminamos el año. saludos!

  22. Ingrid dice:

    aquí tenéis la escena de "In dreams"…
    http://es.youtube.com/watch?v=-CSoWg3nBeU

  23. Horrach dice:

    A mí la escena que más me apasiona de Blue Velvet es esta, del propio Hopper, en la que escenifica un ritual sexual con la Rossellini y el terciopelo:

    http://www.youtube.com/watch?v=5_5sQyHnbY4

    PD: Agustín, compartimos manías, por lo que veo, aunque yo no pasé de 800 cintas de vhs.

  24. pablo m. dice:

    Cierto, Ingrid. En una primera leída, el párrafo es, de hecho, muy cercano a las observaciones/ objeciones que Wittgenstein hizo sobre las tesis defendidas por G. Moore en "A defense of common sense" y otros escritos. Saludos.

  25. agustín dice:

    Ingrid, esa es mi frase del siglo: "una realidad permanentemente bajo sospecha", si creyera lo contrario estaría perdido. Gracias por tu buena historia, verdaderamente nocillera. Ultranocillera.
    La de "vivimos en un mundo extraño", también me deja frito, sobre todo porque es una verdad muy simple dicha por Laura con toda la carga de profundidad del mayor misterio del mundo.
    Unos comentarios más arriba Rodrigo nos ha dejado también una historia de un molino absolutamente siniestra. Y seguro que hasta hacía sol y cantaban los pájaros.

    Horrach, sí, esa escena es de lo más abyecta, también es genial. Es que la peli no tiene desperdicio. Por cierto ¿habéis leído en ensayo de Foster Wallace sobre Lynch, y en concreto la parte de Blue Velvet? Es genial, está en el libro de artículos Algo Supuestamente Divertido Que Nunca Volveré a Hacer.

    Sobre lo que decís, Pablo, Ingrid, es que desde luego que en Rorty hay mucho Wittgenstein. Gracias por recordárnoslo, a veces se nos olvida dónde está la placa madre. Cajas de herramientas. Aires de familia.

    saludos! Hoy ceno con vino a vuestra salud.

  26. Cruz dice:

    Hola Agustín.
    Muchas gracias por tu visita y por tu estupendo relato con BC como un personaje de tu periplo santiagués (lamento haberme perdido lo del cuervo, pero iremos a tomar una tapa de oreja con ilusiones renovadas gracias a tu exótica y refrescante interpretación de Santiago)
    Me encanta tu blog; es muy interesante y además divertido, y siempre trato de no perderme nada.
    Un saludo a los dos,
    Cruz

  27. F.I.E.R.A dice:

    con mi primer sueldo me compré una batería

    la primera película que rode con una cámara super8 en el año 1995 se tituló "Pantys", enviaba las bobinas a revelar a una dirección en Holanda llena de aches (h), una vez me enviaron una peli en la que aparecía una chica japonesa corriendo por un bosque japones. De tanto verla acabé quemándola.

    La primera canción de la que hice una versión fue "Blue Velvet", el estribillo dice:

    "No te había llamado
    nadie nos presento
    nos vimos en cualquier lado
    hoy si te atreves te doy mi amor
    en blue velvet ohu ohu "

  28. agustín dice:

    Gracias a ti, Cruz, por tu talento y hospitalidad.
    Un abrazo

  29. agustín dice:

    FIERA, como buena FIERA eres una caja de sorpresas. Mi primera batería no la compré con mi primer sueldo, sino con mis primeros ahorros de verdad, cuando acabé el primer curso de carrera, en el 86. Creo que fueron 25000 pesetas. Fui a buscarla a un local de ensayo muy sórdido, en un coche que me prestó una de mis hermanas. Además, era la primera vez que conducía. Iba tan emocionado con la batería en el maletero que en vez de meter la marcha atrás metí la 1ª y me di contra un muro; ni me enteré, me daba igual. Después rasqué el coche contra no sé cuántas columnas del garaje, tampoco me enteré. Era roja, muy básica, aún conservo un plato de aquella batería, suena bien.

    ¿Una japonesa corriendo por un bosque? Molan las japonesas, y molan los bosques con japonesas. No me extraña que la quemaras de tanto verla.

  30. ángeles dice:

    En algún lugar, ya leí a Rorty. Pero no recuerdo quién me lo presentó. Las mujeres embarazadas, las oreja… me dan bastante miedo.
    En el Hospital, seguimos de guardia. Nadie recuerda que nosotros no cerramos por vacaciones ni volvemos a casa por Navidad. Cuando las alarmas de los monitores y ventiladores se encienden, hay más luces que en la Gran Vía, cuando suenan, es nuestro particular atasco.
    La vida y la muerte no piden permiso para llegar.

  31. Jorge dice:

    Agustin, ¿que te parece la idea de una entrada en la que des un repaso a lo que mas te ha gustado o mejor te ha parecido del 2008, en cuanto a literatura, musica y cine se refiere? Ya se que en esta fechas hay infinidad de listas de este tipo, por ese mismo motivo, ¿que tiene de malo una mas? ¡Saludos y buen final e inicio de año!
    P.D. Tengo jodida la tecla de la tilde.

  32. agustín dice:

    Jorge, bueno, no sé. Estaría bien. Es buena idea, pero es que no sabría qué poner, porque este año he vivido un poco aislado y metido en mis cosas de las novelas y no he seguido mucho la actualidad. Lo pienso. Un saludo!

    Ángeles, bueno, qué me vas a contar. Las puñeteras guardias. La gente piensa que en los hospitales no se curra, pero se curra casi más que en ningún sitio. Jornadas semanales de más de 50 horas. En fin, no vamos a empezar aquí con las miserias diarias. Saludos y buen año nuevo.

  33. agustín dice:

    Por cierto, en este post, arriba, he linkado la página web de Germán Sierra, que se me había olvidado. Pinchar sobre su nombre en azul.

  34. Horrach dice:

    me encanta el papel de Hopper en ‘Blue velvet’. La imagen de la escena citada, en la que Hopper se pone una máscara de oxígeno en la boca antes de bramar "Mamy… ¡baby wants to fuck!", era la que habría utilizado como imagen de mi nick si no fuera porque la de De Niro en ‘Taxi driver’ me gusta todavía más.

    saludos

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